Abrazo a la soledad tan
plagada de cosas, una soledad que no es como un agujero negro o la unidad
apartada del resto, una soledad que no es vacío, al contrario, es la suma de un
todo.
Me lleno de energía lunar
y le pido al sol que tampoco me abandone, me entiendo mujer, pero me entiendo
sola.
Sigo creyendo, después de
tantos intentos, que mi mano no necesita la de otro cuerpo para poder ser en el
mundo, que mi cuerpo no necesita del llamado complemento convexo.
Aunque sí lamento que ésta
soledad inconscientemente deseada, por su propia naturaleza, deje inconclusos
los pasos de seres a los cuales jamás debí molestar.
Pero aun volviendo con
poca alegría, aún con tristeza, o como una bajeza; sólo a ella me abrazo, pues
es lo más familiar y cercano que siento ahora, a mi calma, a mi esencia, a
mis días y a mi necesidad.
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