1/7/11

Fortaleza


Suyay Anti (Esperanza de los Andes)

Después de esperar, mi paciencia tuvo recompensa. En el nido que sus padres habían acomodado, en un alto risco, el nacimiento de un polluelo de Cóndor Andino se presento ante mis ojos.

Ese momento supe que había decidido lo correcto el día que me permití vivir y soñar, que deje la tristeza innata que ahogaba mi corazón, regalarme la luz de nuevos días y la tranquilidad de una existencia cumpliendo un ideal.

Aquel pequeño polluelo, con sus alas, me llevó volando más allá de los horizontes negros de los problemas que yo no podía resolver. Entonces mi carga se alivio porque volví a sentirme como un ser dentro de la biosfera, como una criatura más, simple, sencilla, humilde, hija de la tierra y la magia del agua, el viento y las estrellas. Ahora vuelo cada vez que quiero, con solo recordarlo.

Las personas reaccionamos de tantas formas al dolor, la opresión o la manipulación que provoca el sistema, que muchas veces pierden, como yo, durante mucho tiempo, el derecho a ser felices y a disfrutar de la vida.

A veces, los conflictos vuelven a turbar mi cabeza, a veces la impotencia de observar al ser humano sin conciencia intenta hacerme caer en el desanimo; mas, actualmente, se que solo luchando a diario, aceptándome como un animal, una criatura ligada (como todas) al Cosmos de la transformación, podré enfrentar al momento que está y que me hace parte del Ahora.