Donde
termina mi garganta empieza un mar de incertidumbres que se extiende hacia el sur; en el, tres o más especies
de lepidópteros revolotean. Más arriba, hacia la izquierda, un abismo
insondable retumba en el pecho, como viento que atraviesa las inmensas cumbres
de la nada.
Desde
el norte, lejanas voces llegan descoloridas, a ese mar y a ese abismo,
susurrando su existencia y la de su creador; mas ni mar, ni abismo escuchan, al
parecer disfrutan lo bizarro del momento y no les interesa entablar
“relaciones internacionales”.
